Al doctor cifuentes siempre le hacía sentido el pasar por fuera del Hospital clínico y recordar con nostalgia aquellos años en que se perdía entre los laberintos del Hospital y sabía perfectamente aquellos laberintos secretos . En esa época la gustaba vestir de negro y aunque no podía mantenerse las uñas largas, hacia lo posible para mantener el negro el esmalte por el que se ganó el apodo de uñitas. Tenía 22 años y era el año 2003. Santiago en esos años tenía ese aire de exitismo propio del boom noventero de "crecimiento económico combinado con un poco de amnesia colectiva propia del trauma social post-dictadura. Me acuerdo de empezar a sentir que mi carrera de derecho se hacía cada vez más pesada de soportar y entonces iba a carretear al teatro carrera, donde un día vì a cifuentes con un grupo de amigas. Después de un par de puchos bolseados, me dí cuenta que cifuentes me devolvía la mirada y yo tìmidamente movìa la cabeza hacia el lado, dando a entender que no tenía mucho interés en mirarlo. Así se daba ese juego de disimulada indiferencia mientras la música y las cervezas comenzaban a consumirse con el paso de la noche.
Esa noche nos pegamos la primera de muchas caminatas y yo era demasiado temeroso como para pedirle que se fuera a mi casa.
Entonces acordamos vernos al otro día en el parque balmaceda a la salida del metro Salvador. Yo le dije que se veìa cambiado y él me contestó.
Me da risa recordar a Cifuentes.