martes, 22 de mayo de 2012

Ella camina por la ciudad a las cinco de la mañana, y el barrio está en silencio, hay belleza en el silencio pero ella tiene frío y no piensa ni contempla nada.Solamente camina, tampoco tiene muy claro por qué. Está apurada, pero no hay necesidad de apuro alguno. Perdió su trabajo hace una semana por reiteradas ausencias laborales y al final piensa vivir de lo que le deje el seguro de cesantía los meses siguientes.

Mientras tanto en el centro de kundalini yoga comienza el canto del Jap Ji, que forma parte de un libro escrito por grandes gurúes de todas las épocas, y que conforman la cadena dorada de maestros. La enseñanza se manifiesta a través ellos. La devoción y el recuerdo de que somos UNO, sin espacio, sin tiempo, sin principio, sin final, infinito flujo de energía universal, creadora , destructiva y transformadora.


Lo veía a Él cantando con tanta devoción, que no entendía muy bien por qué. Sabría acaso absolutamente todas las sílabas de aquellas frases pronunciadas en un idioma absolutamente extraño? Comulgaría con aquellas frases. Yo entiendo que se habla de Dios permanentemente y no entendía  muy bien por qué estaba  participando, pero si veía una alegría indescriptible en las caras de algunos que me hacía intuitivamente querer seguir participando.

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