martes, 22 de mayo de 2012

Un cuento sobre la mañana. Una chica se jala unas líneas de cocaína y un chico que vive relativamente cerca se levanta a las 4 am a tomar un taxi. Ella se angustia porque no le queda más vodka, El comienza a sentir un viento fresco pero piensa que antes de salir el sol el frío se hace aún más intenso y disfruta esa electricidad de las horas ambrosiales. Ella sabe que dejó la dirección de fonocopete en alguna parte.ÉL y ELLA se topan en la calle, en la misma esquina, a la misma hora, no se miran, o bueno, tal vez si, de reojo. El hecho es que nunca más volverán a encontrarse o al menos aún no lo tengo muy claro, de todas formas es igual, todo forma parte de un plan perfecto, incluso las decisiones que pueda tomar como director de esta obra. El caos tiene un orden. En ese sentido estoy de acuerdo con ÈL, que camina , que ataja un taxi segundos después de toparse con Ella y que se apronta a iniciar una meditación colectiva en un centro de kundalini yoga. Lo conocí hace cinco años atrás. En ese entonces yo era un ejecutivo de Compañía de Seguros y apenas llevaba un par de meses, negociando cuentas. Escuchaba conceptos que en mi vida había oído y todo me parecía que era como jugar metropoli. Sin embargo lo pasaba bien. Cada experiencia va aparejada de un desafío y esos días el desafío era precisamente poder hacer cosas que no pensaba que era capaz de hacer. Entonces inconscientemente asumía que la felicidad era la satisfacción de la aprobación externa.
Me dispersé, en qué estaba? ah si, ese día él dirigía el sadhana acuariano y yo iba por primera a la invitación abierta que me hizo el centro de yoga donde empecé a tomar clases.

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